Trincheras


Que los violoncelos marquen el paso victorioso

de la victoria en hombres de hidalguía

Hay sobre la consola un picaporte hundido

un tocadiscos.

Procuro vender mi nombre

a la sala más adúltera de los poetas usureros:

llámame antisemita.


El cabello en tu viento marca el paso de las horas,

tengo el suastí en el pensamiento

sólo en el pensamiento

sólo en

sólo

pensamiento…


Siento el paso de las horas.


Que un trombón marque mi muerte en las trincheras

Que el caos me lleve a las trincheras de la muerte

La portilla del cielo tiene roto el picaporte

un serafín me mira y ríe

llámame intolerante.


Siento el paso de las horas.

¿Qué me has hecho Dmitri?

Cómo odio el arte abstracto...

Tengo el seno fatigoso, un parto que venera

ruido demoníaco que amamanta.

Tengo una habitación oscura, con telarañas

ruido angelical que me desvirga.

Tengo carne en los ojos,

virutas, guiños,

bocas, escupitajos.

Tengo el arco atravesando entrambas palmas,

tengo entrambas palmas metidas en el bolsillo

floto sobre el mar de titubeos

titu…beo.

El camino más adelante se desmolda,

ondula un efecto visual sonoro causado por soleadas noches.

Tengo muertes, tengo un cuerpo putrefacto,

gritos de muertos,

muertes en un grito,

SILENCIO.


Hay menudos hilos deshilachados,

Tengo una melodía virginal que me ha violado,

cartas, fuego, un encendedor herbáceo.

Tengo una eterna danza ceremonial Staskovichiana,

pies, patadas,

piernas, entre las piernas.

Tengo un silbido muy profundo

profundiza

Adentro

Más adentro…

Ahí.


Tengo actos sanguíneos encarnados,

amarillo, celeste, encarnado.

Estoy teniendo algo

algo en la mano

ya no lo tengo.

Entonces empiezo a repetir:

repe

repe

tir

tir


Tengo una luz aceitosa,

una lámpara de lava

que erupciona y cubre cabezas,

cuerpos, sollozos.

Sollozo Dvoraikamente.


Escucho que tengo algo en los zapatos,

tengo el sonido del vértigo,

se junta en un esperpento inolvidable.

pero, lo más lamentable,

TrIsTe

iNcIeRtO

DiFuSo

es que aunque deje de tener, aunque borre maleficios indoloros,

sigo teniendo esta sensación:

me pesa,

pésame

Es un ruido intermitente, una imagen hedionda,

un talismán donde he escondido mi dentadura

diente uno

diente dos.

Tengo un universo del que dispongo a diestra.


Tengo una siniestra exactitud,

una malévola ansia.

Destruyo el mundo en un latido


A otra gran amiga y ejemplo: Profesora Camila Pulgar.

Tengo la infortuna de caer en picada de cuando en cuando; la péndola marca horas derretidas, pedazos perdidos, fracturados,

Dalí me debe dos centavos.

Al poderoso señor inglés le recibo con las manos atadas, iris, iris bruno azabache, y los gritos del pajarraco ancestral que se entremezclan en la noche con un sol de pompa esplendorosa.

Redundo en límites comunes, tan comunes que me hacen sentir tan limitado. Los algoritmos se rozan, rozan ramas y rosas que forman hermosas cruces; aliteran el sentido más abstracto en mi lóbulo frontal.

Se quiebran

quebrados

están.

Y me comprometen a seguir vociferando, a marcar con el dedo pulgar un camino abrupto, desigual, informe.

En cotidianas ocasiones me guardo el alma bajo un fanal cristalino, me trago el humo, trago, humo.

Hay en la esquina del frente un voluptuoso desliz,

se deslizó.

Y seguir bebiéndose las marcas de fuego, proyectándose al vacío, es seguir, es…

dejé abierta la ventana.

Firma: Andrés - Buenos Aires, Octubre del 2010.

A un gran amigo: Profesor Rafael Castillo Zapata.



Quisiera tener la suerte que otros ostentan, suerte hueca de arrojar cenizas nacaradas en el Sena, amuletos, alhajas, fetiches en la naturaleza aún más hueca. Con un complejo dedicatorio Rojas Guardiano,
antologizando con libertad y soltura, vivo, pleno, idiomático y totalmente guarnecido. Invisible a espectros fantásticos, con la pierna encadenada a una gran jota de plata, todo el peso de la isla en el parche del tuerto Silver.

Libre, más libre, a sabiendas de la poesía estructurada; que no, que no es estructura.

!Salve! !Diez Salvas! A salvo y con los ojos rojos de tanto verde.

Acá, a lo lejos, recordando momentos de madera, de madera barata, no de poéticos "robles" y "abedules". Con el grito debajo del brazo y el otro pintado en un sombrero.

Que sí, que Benedetti sabe a café, a "Gato Negro", a nana de Lorca. Que desde el techo poliexpandido la madera barata (otra vez) me cae en la cabeza.

Serán esos malditos gatos negros, que sin pensarlo han dejado el nido lleno de telarañas.

Vamos a intentar acostumbrarnos al harado para así no rompernos las rodillas o empezarán a quejarse los papeles de que los poetas siempre los desvirguen.

Firma: Andrés - Buenos Aires, Octubre del 2010.







Llego tarde al fin del planeta.



Una arruga más

otra moneda en el bolsillo,

y seguimos cumpliendo más AÑOS que PROMESAS.

Poesía y Pasión Erótica

1. El erotismo servil y la pasión literaria: “Sor Juana, lejos de parecer artificiosa como en los poemas cortesanos de los otros poetas, alcanza en ciertos poemas la intensidad que distingue a la pasión auténtica del énfasis retórico” (p. 268 de “Concilio de Luceros”, Octavio Paz).

El siglo XVII se vio marcado por una curiosa erotización de la poesía, tanto como por la influencia substancial de la Iglesia Católica sobre las almas de los creyentes y su hegemonía en la educación de los pueblos hispanos. Sor Juana, con su carácter arriesgado y romántico, con una fidelidad y un servilismo solemnes, logra establecer un equilibrio entre su condición religiosa y sus relaciones directas con la nobleza y la corte de la época. Tal y como lo menciona Paz, “las relaciones humanas son simbólicas, pero ese simbolismo se manifiesta más plena y constantemente en las ceremonias políticas y religiosas”. Fue en ese punto muerto donde Sor Juana logró dar cabida a su desbordante pasión al momento de transformar las sensaciones en palabras, las emociones en oraciones y la gratitud en poesía.

Por supuesto, observando la situación desde un contexto actual, consideraríamos que la poesía de amor cortés y la poesía erótica de Sor Juana, en alabanzas a su admirada condesa de Paredes, puede resultar en ambigüedades; no para la realidad de la época. Sor Juana es y actúa con intensa reverencia mediante un lenguaje que se muestra común y recurrente para la época en que es realizado; en momentos en que la actitud y el pensamiento barrocos son un hecho, y en que la relación entre los amos y sus servidores, es considerada en un contexto familiar, de lazos profundamente arraigados y afectos copiosos. La “sumisión a la dama”, una actitud preponderante en la poesía y la personalidad de Sor Juana, es otra característica intrínseca en los poetas de amor cortés. Una capacidad retórica de persuadir, en hechos literarios donde las interpretaciones pueden ser de una convergencia infinita, es precisamente eso. Todos estos actos de devoción, de agradecimiento del inferior al superior, encuentran su máxima expresión en la escritura de esta dama universal:

Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura.
Ejemplo de la vana gentileza.
En cuyo ser unió naturaleza.
La cuna alegre y triste sepultura.

La retórica social cortesana, y la realidad misma de la época, distan del paralogismo impreciso de la actualidad. La amistad amorosa de la sierva hacia su señora es una forma poética de expresión, parte del vocabulario feudal de pleitesía del vasallo al señor. Tenemos entonces que, el ardor retórico de Sor Juana iba incluso más allá de la adoración; dentro de un vasallaje simbólico, fuera de la realidad real y concordante con la realidad protocolar, Sor Juana actúa con un fervor intenso al escribir, con una capacidad única para absorber entre pasiones de toda clase a sus lectores, a sus espectadores, a sus mismísimos dedicados. Es posiblemente esa manera de sentir la poesía, de rendir homenaje y actuar con premeditada humildad y exagerado agradecimiento, lo que la ha traído hasta la actualidad como el Fénix de América, como la décima musa del Nuevo Mundo.


Noches de Vanguardia


Dejo mi pecho y mis palabras, mi sangre y mi sudor en vuestra mano argentina

esperando que algún día

cuando despiertes, somnolienta y taciturna

encuentres en mis noches

tus verdades más profundas.